11.11.11

Alameda

La mitad de la luna reinaba en un cielo no muy claro y una alameda vieja; vieja conocida por los más antiguos de la ciudad, vieja por la de romances que habrá contemplado, vieja por los años que lleva a sus espaldas y por las miradas que la habrán contemplado, vieja como cual abuela y hermosa como tal joven dama.
Allí dos parejas en una hora no muy temprana intercambiaban momentos de su vida. Curioso es como las conversaciones eran tan distintas siendo las edades de los cuatro más o menos las mismas, estando en el mismo lugar, en el mismo momento y a la misma hora. Pero no, cada uno habla de sus temas, de sus cosas y de sus pensamientos.
Cuando una pareja hablaba de conocerse la otra hablaba de no olvidarse, cuando una hablaba de ilusión, la otra hablaba de recuperar, cuando una hablaba de perdón la otra hablaba de no tener que decirlo nunca, cuando una hablaba de comenzar la otra hablaba de intentar no terminar, cuando una hablaba de sueños la otra intentaba que los que habían tenido se prolongaran en el tiempo y no dieran final en aquella noche, cuando una hablaba de lo dormilona que era ella, ya la otra sabía de sobra lo que le a ella le gustaba dormir, cuando una hablaba de intentar la otra hablaba de miedo… y así sucesivamente.
Y la noche solo quiso acompañar, la noche solo trajo llantos en forma de lluvia y una luz que nada se parecía a la de una luna nueva que intenta dar claridad, sino más bien a unos relámpagos que no presagian nada bueno, solo oscuridad y sensaciones no gratas… así fue el sabor de un viernes noche.

18.10.11

El camino a recorrer

Cuando miras hacia adelante te encuentras al principio del camino, miras abajo, tus pies llenos de polvos, cansados de caminar, agotados. El sol no quema gracias al sombrero de hojarasca que llevas puesto. Tus manos y cara bronceadas por el sol dice mucho, pero más dice tu mirada… tu mirada eterna, difusa y perdida, esa mirada habla de batallas, de vida rebosante de alientos y de muchos sueños sin cumplir, los rumbos que toma la vida alejada y relegada a un segundo plano cuando las posibilidades no están a tu alcance.
Entonces se te antoja comenzar a caminar y por conocer aquello que está al final del camino, poquito a poco, sin prisa pero sin pausa, contabilizando cada segundo y sintiendo cada oleada de viento no tan fresco en tu cara, de vez en cuando cierras tus ojos sin miedo a tropezar, sin miedo a dañarte, y comienzas a pensar en las cosas que te rodean, la serenidad entonces se apodera de ti, sintiéndote en paz.
Cada paso que das no te parece un avanzo más, piensas que estas atrapado en ti mismo y no sientes la suficiente necesidad de encontrarte ni contigo ni con el mundo. Tus ojos cerrados solo te permiten perderte, evadirte y limitarte a sentir.
Los abres, tienes ganas, no te has tropezado, no has caído, ni un rasguño, nada, claro que no has llegado aún la final del camino, has tenido fe, dicen que la fe mueven montañas, y de nuevo te paras a pensar, pero esta vez con los ojos abiertos de par en par, como dos lupas que tienen ganas de observar y ser observados, y te vuelves, miras atrás, hacia todo lo recorrido, todo aquello que recorriste con los ojos cerrados, en confianza plena, y con tranquilidad y una vez más te das cuenta que eso es lo que necesita la gente, la sociedad, creer, confiar. Necesitan una fuente inagotable de fe.

6.10.11

Abstracto mundo

Ni la luna ahora es tan clara y redonda, ni las estrellas iluminan tanto ni las fugaces conceden deseos, son solo ilusiones, ni la vida es tan corta ni tan poco se nos hace tan larga, ni todo me importa nada ni nada me importa todo, ni mi vida es en blanco y negro que es multicolor, ni siento que me voy ni tampoco que vengo, ni soy tan linda como crees ni tan mala como me conoces.
Que las historias son contadas cuando son pasajeras, cuando son verdad son vividas, los sueños se pasean por cabezas dormidas y la realidad por aquellas despiertas y contemplativas, los pasajeros de un tren son solo transeúntes que van y vienen como aquellos amores de madrugada, que se ven una vez y después se olvidan.
Sentir como el sol te quema es solo privilegios de muy pocos, aquellos que viven tras su oscuridad nunca conocen esa sensación, que la sonrisa más bonita no es la que intentas fingir sino aquella que sale sin que te des cuenta y las carcajadas son mejores si son de oreja a oreja, y la amistad cuando es mirada por un cristal es transparente y limpia, cuando es mirada tras un velo es tupida y sin sentido.
Si me besas y no siento no esperes más, pero si siento rana pegajosa seguro que te conviertes en príncipe, aunque ni los príncipes existen, ni cenicienta regreso a su casa a las doce, cenicienta cual niña rebelde mintió a sus padres  y dejó escrita dicha historia que es contada, mentirosa y ruin para que niñas preciosas y mimadas la creyeran.  Si duermo profundamente dedícate a contemplarme, callada seré más bonita, no intentes despertarme con un beso, si lo haces caes, porque ni soy tan sencilla ni tan complicada, ni tan divina ni tan humana. Y ni tu eres tú ni yo soy yo,  ni la vida siempre es color de rosa ni tan negra como la pintan, ni mis días son plenos ni los tuyos tan fantásticos.

23.9.11

Volantear en un simple atardecer

Es un aroma un tanto especial del atardecer, uno de esos que mezclan colores cálidos, el naranja, el amarillo, el rosa frente a otros más fríos como el azul, y su mezcla se hace tan ideal, tan sencilla y agradable, que el sabor de una tarde de verano parece no irse.
Pero escuchar las notas musicales de una acústica hace sentirse en paz y te demuestra el estilo más puro y perfecto. La guitarra nos lleva a pasear por las calles de ensueño, aquellas con entradas pero sin salidas, recorriendo esquina por esquina, portal por portal.
Y solo falta ese olor a azahar que es cambiado por ese olor a viña, a vid, la uva, el vino, el fino, ese olor a vendimia, a único. Y cerrar los ojos y dejarse llevar y limitarse a imaginar, a crear, a diseñar, a entender.
Cuando caminar por caminar se hace por placer y sin ningún motivo o rumbo fijo, por el mero hecho de descubrir, intercambiar miradas con los transeúntes y comprenderse sin más, y llegar más allá, hasta donde nos lleva el tiempo, hasta donde todo siempre se hace eterno.
Entre botas y espuma, solera y cante, arte y nostalgia, volantes y capotes, guitarras y campiñas, monturas y estribos, bulerías y compás, fino y desafinado, atardeceres interminables.
Solo cuando sabes que el otoño ha llegado.

La pequeña escritura

La pequeña escritura
La pequeña escritura, ¿por qué este nombre? Aún ahora me lo pregunto, y a veces encuentro una contestación, otras no.
La pequeña escritura, no por una ortografía minúscula y apenas visible sino por lo grande que son el contenido de algunas palabras.
Me gusta escribir y reflejar lo que siento, lo que sienten, vivencias y sensaciones, experiencias y novatadas, y me parece pequeño. Coger un bolígrafo y papel es arte y el arte es grande.
Yo, lo que pretendo hacer es algo grande pero que personificado en mí, es pequeño. Ojalá llevara intrínseca la grandeza de las palabras de aquellos geniales escritores, pero no es así.
Así, que por ahora me conformo con escribir letras grandes de pequeño significado, manteniendo eso sí, siempre presente la grandeza de mis palabras, que contienen un gran sentido y significado para mí, aunque para ustedes parezcan pequeñas.
Empezaré publicando algunos textos nuevos y otros ya publicados en otras redes sociales que me gustarían que aparecieran por aquí, por ello no asustarse si aparecen fechas pasadas.
Espero que disfruten con mi pequeña escritura y les guste.