18.2.12

Momentos que merecen ser inmortalizados

¿Nunca has tenido la imperante necesidad de inmortalizar cada cosa que sucede en un momento determinado?

Pues yo si, y en ese momento algo te impulsa y te dice que debes de coger la cámara y no parar de fotografiar por allí, por acá, al que habla, al que escucha, el que come un trozo de tarta, o saborea el exquisito café, el que esta pendiente del móvil o simplemente ríe ante un comentario un tanto absurdo.

El caso es que nada se te escape y ese momento quede en ti durante el resto de tu vida. Y si que es verdad, que todos los gestos no te importan en realidad, ni todas las personas que hay allí. Sientes la necesidad que esa imagen quede impregnada tras el flash de tu cámara y permanezca eternamente en un papel fotográfico.

Pero sin embargo, hay alguien que si y en ese momento “flash” y sacas una imagen de esa persona y cuando quitas la cámara y le ves en vivo esa sonrisa de oreja a oreja, esas arrugas llena de tiempo transcurrido, esos ojos que te miran con delicadeza y dulzura, su mirada… ese pelo encanecido por el paso del tiempo y castigado por no sé que locura, para que engañarnos él es todo dulzura en si. Piensas que es la mejor imagen que has podido tomar a lo largo de toda tu vida y que jamás volverás a inmortalizar algo igual.

De pronto miles de cosas se pasan por tu cabeza y es que a todos nos pasa el hecho de saber que algún día no podrás realizar esta acción, y  hace que se re rice todos los vellos de tu cuerpo y te entre esa nostalgia propia de las despedidas…

Creo que intentaría captar cada momento suyo del día, cada incesante carcajada y armoniosa sonrisa, cada alegría y movimiento. Desde que pone un pie en el suelo por la mañana hasta que lo sube a su lecho… así continuamente, para siempre tener ese recuerdo vivo de ti.

Pero el solo hecho de pensar me hace temblar. Por eso, me dedicaré a no pensar y a disfrutar, a hacer que seas feliz cada día que pases en el este lugar y que nunca desaparezcas de este mundo, de mi mundo. Siempre existirá ese vínculo fuerte que nos unirá, porque las cosas no suceden por casualidad y Dios quiso que sin llevar su sangre estuviera en mi vida de una manera más bonita que cualquier otra, me dio lo que otros no supieron darme: la mejor infancia que ningún niño puede tener, los momentos más bonitos de mi vida.