18.10.11

El camino a recorrer

Cuando miras hacia adelante te encuentras al principio del camino, miras abajo, tus pies llenos de polvos, cansados de caminar, agotados. El sol no quema gracias al sombrero de hojarasca que llevas puesto. Tus manos y cara bronceadas por el sol dice mucho, pero más dice tu mirada… tu mirada eterna, difusa y perdida, esa mirada habla de batallas, de vida rebosante de alientos y de muchos sueños sin cumplir, los rumbos que toma la vida alejada y relegada a un segundo plano cuando las posibilidades no están a tu alcance.
Entonces se te antoja comenzar a caminar y por conocer aquello que está al final del camino, poquito a poco, sin prisa pero sin pausa, contabilizando cada segundo y sintiendo cada oleada de viento no tan fresco en tu cara, de vez en cuando cierras tus ojos sin miedo a tropezar, sin miedo a dañarte, y comienzas a pensar en las cosas que te rodean, la serenidad entonces se apodera de ti, sintiéndote en paz.
Cada paso que das no te parece un avanzo más, piensas que estas atrapado en ti mismo y no sientes la suficiente necesidad de encontrarte ni contigo ni con el mundo. Tus ojos cerrados solo te permiten perderte, evadirte y limitarte a sentir.
Los abres, tienes ganas, no te has tropezado, no has caído, ni un rasguño, nada, claro que no has llegado aún la final del camino, has tenido fe, dicen que la fe mueven montañas, y de nuevo te paras a pensar, pero esta vez con los ojos abiertos de par en par, como dos lupas que tienen ganas de observar y ser observados, y te vuelves, miras atrás, hacia todo lo recorrido, todo aquello que recorriste con los ojos cerrados, en confianza plena, y con tranquilidad y una vez más te das cuenta que eso es lo que necesita la gente, la sociedad, creer, confiar. Necesitan una fuente inagotable de fe.

6.10.11

Abstracto mundo

Ni la luna ahora es tan clara y redonda, ni las estrellas iluminan tanto ni las fugaces conceden deseos, son solo ilusiones, ni la vida es tan corta ni tan poco se nos hace tan larga, ni todo me importa nada ni nada me importa todo, ni mi vida es en blanco y negro que es multicolor, ni siento que me voy ni tampoco que vengo, ni soy tan linda como crees ni tan mala como me conoces.
Que las historias son contadas cuando son pasajeras, cuando son verdad son vividas, los sueños se pasean por cabezas dormidas y la realidad por aquellas despiertas y contemplativas, los pasajeros de un tren son solo transeúntes que van y vienen como aquellos amores de madrugada, que se ven una vez y después se olvidan.
Sentir como el sol te quema es solo privilegios de muy pocos, aquellos que viven tras su oscuridad nunca conocen esa sensación, que la sonrisa más bonita no es la que intentas fingir sino aquella que sale sin que te des cuenta y las carcajadas son mejores si son de oreja a oreja, y la amistad cuando es mirada por un cristal es transparente y limpia, cuando es mirada tras un velo es tupida y sin sentido.
Si me besas y no siento no esperes más, pero si siento rana pegajosa seguro que te conviertes en príncipe, aunque ni los príncipes existen, ni cenicienta regreso a su casa a las doce, cenicienta cual niña rebelde mintió a sus padres  y dejó escrita dicha historia que es contada, mentirosa y ruin para que niñas preciosas y mimadas la creyeran.  Si duermo profundamente dedícate a contemplarme, callada seré más bonita, no intentes despertarme con un beso, si lo haces caes, porque ni soy tan sencilla ni tan complicada, ni tan divina ni tan humana. Y ni tu eres tú ni yo soy yo,  ni la vida siempre es color de rosa ni tan negra como la pintan, ni mis días son plenos ni los tuyos tan fantásticos.