23.8.12

Con forma de horizonte


Miraba al horizonte y siempre era la misma rutina, una línea que marcaba las mismas circunstancias en el tiempo. Es como una producción en serie. Continuamente sucedía lo mismo.
Era como si asiduamente, sin ningún sentido, corriera.  Corría persiguiendo algo. Como perseguía Alicia en el País de las Maravillas al conejo. Igual. Sin saber que perseguía.

¿Perseguiría el tiempo? ¿O correría porque llegaba tarde a la cita?

Es cierto que dentro de ese horizonte había paradas. Inexplicablemente esas paradas ayudaban de nuevo a recuperar fuerzas por el cansancio de tanto correr.
Entonces se dedicaba a divisar de mejor manera algunos aspectos y pensaba que nunca más tendría que correr, ni perseguir vete tú a saber el qué.
Poco duraban esas paradas. Milésimas de segundos quizás.

Como cuando te despiertan de un sueño bruscamente y vuelves a la realidad, pues así comenzaba de nuevo a correr, sin poder parar. Sin saber qué demonios la empujaba a recorrer con tanto afán.
Alguna parte de su ser le repetía constantemente que debía frenar en seco, sentarse, respirar y dejar entre renglones.

El horizonte repleto de contratiempos, circunstancias, encuentros, desencuentros y osadías.
Tanto es así que dicen que un día se olvido plenamente de lo que significaba disfrutar de una puesta de sol mirando al horizonte….

8.8.12

A tan solo unos metros de mí


Si, siempre una y otra vez quieres parar el tiempo, o volver atrás y siempre aferrándote al pasado a ese que te aprisiona y te absorbe y te apodera con una fuerza no de este mundo.

Siempre tendemos a pensar en aquellas cosas que una vez nos hicieron felices, y queremos volver a sentir esa misma sensación ¿pero no es mejor volver a encontrar la felicidad en nuestro presente?

Es mejor mirar hacia adelante y volver a disfrutar de las tardes de la playa de otra manera, a volver a vivir otros atardeceres, a tomar café desde la misma terraza con otros ojos, tomar cervezas en otra arena distinta, sentir madrugadas de otro sabor fino que bien podría ser de oloroso. Pensar que no todo está en el ayer, que el ahora, puede ser el ayer multiplicado por cuatro o por mil…

No saborear el mismo licor de unos labios, cuando te puedes embriagar de otros de canela. No mutilar tu sonrisa en una misma imagen que ya es algo que no volverá. Las oportunidades una vez, dos no, la segunda no forma parte de tu ahora, déjala ir… quizás todo ira mejor, porque la vida no se para por ti ¿tendremos que hacerlo por alguien? Si fuiste feliz en su momento ya lo viviste y no tiene por qué volver. Por eso yo saboreo cada momento, lo hago mio y lo alimento por segundo, quizás para que su fragancia siempre me embelese.