23.9.11

Volantear en un simple atardecer

Es un aroma un tanto especial del atardecer, uno de esos que mezclan colores cálidos, el naranja, el amarillo, el rosa frente a otros más fríos como el azul, y su mezcla se hace tan ideal, tan sencilla y agradable, que el sabor de una tarde de verano parece no irse.
Pero escuchar las notas musicales de una acústica hace sentirse en paz y te demuestra el estilo más puro y perfecto. La guitarra nos lleva a pasear por las calles de ensueño, aquellas con entradas pero sin salidas, recorriendo esquina por esquina, portal por portal.
Y solo falta ese olor a azahar que es cambiado por ese olor a viña, a vid, la uva, el vino, el fino, ese olor a vendimia, a único. Y cerrar los ojos y dejarse llevar y limitarse a imaginar, a crear, a diseñar, a entender.
Cuando caminar por caminar se hace por placer y sin ningún motivo o rumbo fijo, por el mero hecho de descubrir, intercambiar miradas con los transeúntes y comprenderse sin más, y llegar más allá, hasta donde nos lleva el tiempo, hasta donde todo siempre se hace eterno.
Entre botas y espuma, solera y cante, arte y nostalgia, volantes y capotes, guitarras y campiñas, monturas y estribos, bulerías y compás, fino y desafinado, atardeceres interminables.
Solo cuando sabes que el otoño ha llegado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario