31.12.12

Trescientos sesenta y cinco


Cuenta atrás, sólo quedan horas. Tan poco tiempo para analizar 365 días...
Uno de los mejores años y de los que más he podido aprender. Este año nos ha quitado y nos ha dado tanto.

Tengo que agradecer tantas cosas a este año. El simple hecho de abrir mi armario y ver esas camisas colgadas desde la azul, la roja, la verde y la celeste y una pañoleta en el mismo lugar con la que he empezado a crear nuevos recuerdos, nuevos momentos, nuevas amistades y a conocer a nuevas personas. Mirar hacia al lado y ver otra en la que se camuflan millones de años unidos y que ahora me sirve para recordar todos los que en ella están acumulados.

Este año me ha dado la oportunidad de crecer como persona y de crecer como mujer. Me ha enseñado que los momentos más bonitos son los que compartes con las personas que quieres, y que tener cerca a los tuyos es lo mejor que te puede pasar. Tengo que agradecer a Dios que un año mas ellos se sientan a la mesa para despedir un año más, que sean muchos más.

Que las amistades cambian, pero que siempre tus verdaderos amigos a pesar de las circunstancias de una manera o de otra estarán cerca de ti, apoyándote y dándote los mejores momentos. Que la amistad no es cuestión de lo cerca físicamente que este una persona, sino de lo cerca que esta detrás de una simple llamada o de un simple te necesito.

Y que indiscutiblemente querer encontrar las cosas a la fuerzas haces que se pierdan. Que la vida se construye de paciencia y de peldaños minúsculos hacia nuestros sueños, y que los esfuerzos por cosas que 
queremos merecen la pena.

En definitiva, cierro un maravilloso 2012 que comenzó no tan bien y que termina de maravilla y deseando comenzar un 2013 lleno de ilusiones, ganas, emociones y rodeado de familiares y amigos.

10.9.12

Veinte años no es nada



Como bien dice aquel tango Volver.
“Sentir, que es un soplo la vida, que veinte años no es nada, que febril la mirada errante en las sombras te busca y te nombra. Vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo, que lloro otra vez.”

Que veinte años no es nada…
No es nada para quien no ha vivido su día a día.

Hoy precisamente, veinte años no es nada para todo lo que aún me queda por recorrer. Hoy precisamente hoy, que es el día de mi onomástica, debería de recibir yo las felicitaciones. Pero, me veo en deuda con tantas personas que soy yo la que se ve obligada a felicitar a muchas de ellas…

Una segunda década. Empiezo a vivir, con el alma aferrada a un dulce recuerdo. ¿A uno? Muchos más son requeridos y encauzado valientemente por todos aquellos que me rodean.

Que le digan a aquella mujer que durante nueve meses me llevo en su ser si veinte años no es nada. Si durante veinte años no ha sufrido el ir y venir del tiempo, con su rebeldía más rebelde y la pasividad de los días contados.

Desde la espera por saber que ser llevaba en sí hasta el momento en que poco a poco crecía. Y si, hablo de mi madre. Aquella mujer a la que le agradezco la vida. La que ha hecho que hoy por hoy sea lo que soy y la que hace de mí hoy por hoy una mujer de provecho y la que siempre ha tenido unos oídos dispuesto a escuchar, tanto cuando mis palabras transmitían alegría como cuando encadenaban tristezas.

Él, el que más instantáneas de mi vida ha grabado, al que con más ilusión lo esperaba al regreso del trabajo y por el que lloraba cuando lo requerían fines de semanas fuera. El que encauzaba mi camino para que no se torciera y ponía la vara para que el árbol creciera recto y fuerte.
Quien ha sido mi cómplice millones de veces y me daba tantos caprichos que mamá no aceptaba, el que jugaba conmigo a las guerras de almohadas y en las que siempre acaba apaleada entre algodones.

Es una pequeña que aún no sabe nada. Pero a la que quiero más que a nada en este mundo. Crece y miedo me da. Le tengo pánico a su juventud. Pero ella me ha regalado mañanas y tardes eternas de juegos, de trastadas, de risas y carcajadas y de amor, es la que siempre voy a tener a mi lado y la que quiero que día tras día cuente conmigo para todo. Te quiero hermana.

Esa figura que con gran tesón y que con amor siempre ha estado presente. La figura de mis abuelos. Ellos que han hecho que mi infancia esté llena de felicidad, siempre dando su amor y regalando cada caprichito a “su niña” para que nunca le faltase de nada. ¿Cómo se agradece esto? Si cada palabra que escribo se queda corta para tan grandes personas. Si han hecho más de lo que deberían y han dado más de lo que podían. Ese amor infinito que procesan hacia nosotras no tiene nombre.

Los que son mis segundos padres. Han dado de si más que cualquier familiar, se han convertido en unos tíos para mí. Los que han estado siempre en los momentos malos para apoyar y han disfrutado y sonreído en los buenos y han seguido cada acontecimiento de mi vida desde un ladito muy cercano de mí. Tantos momento vividos…

Y por último quiero nombrar aquellos que se han ido agregando con el paso del tiempo y al que este mismo señor ha ido manteniendo, quitando o dejando estancados. Aquellos que llegan sin que tu lo sepas y que sin saber porque motivos, marcaron tu vida. Ellos son mis amigos. Tengo la suerte de poderlos contar con los dedos de las manos. Y poder decir que me han hecho disfrutar de momentos increíbles. Ellos que se convierten en hermanos y que te conocen mejor que nadie.

Aprovecho para decir entre líneas que los quiero con locura, eso que me cuesta decir tantas veces cara a cara a mis seres queridos, que gracias a cada uno de ellos hoy cumplo 20 años y que siempre, siempre, los tendré conmigo.

Aquí termina aquello que comenzó un 9 de Septiembre de 1992 y que a día de hoy continua no se cuantas décadas más, cuantos veinte años más… solo sé que volver, volver y recordar, vivir, sentir… que febril la mirada, que errante en las sombras te busca y te nombra.

23.8.12

Con forma de horizonte


Miraba al horizonte y siempre era la misma rutina, una línea que marcaba las mismas circunstancias en el tiempo. Es como una producción en serie. Continuamente sucedía lo mismo.
Era como si asiduamente, sin ningún sentido, corriera.  Corría persiguiendo algo. Como perseguía Alicia en el País de las Maravillas al conejo. Igual. Sin saber que perseguía.

¿Perseguiría el tiempo? ¿O correría porque llegaba tarde a la cita?

Es cierto que dentro de ese horizonte había paradas. Inexplicablemente esas paradas ayudaban de nuevo a recuperar fuerzas por el cansancio de tanto correr.
Entonces se dedicaba a divisar de mejor manera algunos aspectos y pensaba que nunca más tendría que correr, ni perseguir vete tú a saber el qué.
Poco duraban esas paradas. Milésimas de segundos quizás.

Como cuando te despiertan de un sueño bruscamente y vuelves a la realidad, pues así comenzaba de nuevo a correr, sin poder parar. Sin saber qué demonios la empujaba a recorrer con tanto afán.
Alguna parte de su ser le repetía constantemente que debía frenar en seco, sentarse, respirar y dejar entre renglones.

El horizonte repleto de contratiempos, circunstancias, encuentros, desencuentros y osadías.
Tanto es así que dicen que un día se olvido plenamente de lo que significaba disfrutar de una puesta de sol mirando al horizonte….

8.8.12

A tan solo unos metros de mí


Si, siempre una y otra vez quieres parar el tiempo, o volver atrás y siempre aferrándote al pasado a ese que te aprisiona y te absorbe y te apodera con una fuerza no de este mundo.

Siempre tendemos a pensar en aquellas cosas que una vez nos hicieron felices, y queremos volver a sentir esa misma sensación ¿pero no es mejor volver a encontrar la felicidad en nuestro presente?

Es mejor mirar hacia adelante y volver a disfrutar de las tardes de la playa de otra manera, a volver a vivir otros atardeceres, a tomar café desde la misma terraza con otros ojos, tomar cervezas en otra arena distinta, sentir madrugadas de otro sabor fino que bien podría ser de oloroso. Pensar que no todo está en el ayer, que el ahora, puede ser el ayer multiplicado por cuatro o por mil…

No saborear el mismo licor de unos labios, cuando te puedes embriagar de otros de canela. No mutilar tu sonrisa en una misma imagen que ya es algo que no volverá. Las oportunidades una vez, dos no, la segunda no forma parte de tu ahora, déjala ir… quizás todo ira mejor, porque la vida no se para por ti ¿tendremos que hacerlo por alguien? Si fuiste feliz en su momento ya lo viviste y no tiene por qué volver. Por eso yo saboreo cada momento, lo hago mio y lo alimento por segundo, quizás para que su fragancia siempre me embelese.

11.7.12

La esencia de una persona sin nombre


Era de esas personas que no les gustaba el mar, pero cuando se sentaba delante de la orilla y la espuma de cualquier ola empapaba sus pies solía sonreír.

No le gustaba la extravagancia pero siempre iba de una manera extraña vestida. Para ella eso era sencillez.

No pintaba sus labios de carmín, pero sin embargo, siempre siempre, los llevaba rojos, pintados con ese tinte natural que dejan las fresas al comerlas.

No le gustaba peinarse por las mañanas, aunque lucia una melena inmensamente larga y muy bien cuidada.

Jamás pensaba que fuera feliz, aun así recordaba momentos como los más felices de su vida.

No le gustaban las despedidas, pero misteriosamente la verías rondar por las estaciones observando cada una de los adiós que se daban las personas. Eran personajes de sus relatos.

No creía en los superhéroes, pero continuamente pensaba que su madre era una superwoman.

Detestaba las película de amor, sin embargo sus historias habían sido las mas románticas jamás escritas, más aún que la de Shakespeare. Esa que trataba de un tal Romeo y Julieta.

No le gustaba el mundo en el que vivía, pero día a día se esforzaba por cambiarlo.

18.2.12

Momentos que merecen ser inmortalizados

¿Nunca has tenido la imperante necesidad de inmortalizar cada cosa que sucede en un momento determinado?

Pues yo si, y en ese momento algo te impulsa y te dice que debes de coger la cámara y no parar de fotografiar por allí, por acá, al que habla, al que escucha, el que come un trozo de tarta, o saborea el exquisito café, el que esta pendiente del móvil o simplemente ríe ante un comentario un tanto absurdo.

El caso es que nada se te escape y ese momento quede en ti durante el resto de tu vida. Y si que es verdad, que todos los gestos no te importan en realidad, ni todas las personas que hay allí. Sientes la necesidad que esa imagen quede impregnada tras el flash de tu cámara y permanezca eternamente en un papel fotográfico.

Pero sin embargo, hay alguien que si y en ese momento “flash” y sacas una imagen de esa persona y cuando quitas la cámara y le ves en vivo esa sonrisa de oreja a oreja, esas arrugas llena de tiempo transcurrido, esos ojos que te miran con delicadeza y dulzura, su mirada… ese pelo encanecido por el paso del tiempo y castigado por no sé que locura, para que engañarnos él es todo dulzura en si. Piensas que es la mejor imagen que has podido tomar a lo largo de toda tu vida y que jamás volverás a inmortalizar algo igual.

De pronto miles de cosas se pasan por tu cabeza y es que a todos nos pasa el hecho de saber que algún día no podrás realizar esta acción, y  hace que se re rice todos los vellos de tu cuerpo y te entre esa nostalgia propia de las despedidas…

Creo que intentaría captar cada momento suyo del día, cada incesante carcajada y armoniosa sonrisa, cada alegría y movimiento. Desde que pone un pie en el suelo por la mañana hasta que lo sube a su lecho… así continuamente, para siempre tener ese recuerdo vivo de ti.

Pero el solo hecho de pensar me hace temblar. Por eso, me dedicaré a no pensar y a disfrutar, a hacer que seas feliz cada día que pases en el este lugar y que nunca desaparezcas de este mundo, de mi mundo. Siempre existirá ese vínculo fuerte que nos unirá, porque las cosas no suceden por casualidad y Dios quiso que sin llevar su sangre estuviera en mi vida de una manera más bonita que cualquier otra, me dio lo que otros no supieron darme: la mejor infancia que ningún niño puede tener, los momentos más bonitos de mi vida.

15.1.12

El día de reyes

Dicen que más vale tarde que nunca y que nunca es tarde si la dicha es buena.... así que no tenía más remedio que publicar esta nueva entrada en mi blog. El año pasado la escribí y la publique en otra red social, pero quería que también tuviera su lugar por el blog. Espero que disfrutéis. Os aseguro que está hecha con la mayor ilusión del mundo:

Hoy 5 de enero de cualquier año hace 10, 9 o 8 años. Una cría. Si, una cría pero perfecta para estas fechas... retrocedo atrás esos 10 años y allí me veo llena de nerviosismo, de entusiasmo, de ilusión. Si, ILUSIÓN esa es la palabra:
- Mamá, vámonos que quiero ver la cabalgata y coger caramelos.
- venga cariño ya nos vamos...
Año tras año...
Y ahora estoy allí, ya llegué, en frente de aquellas carrozas, millones de ojos brillantes que miran con asombro luces, caramelos, colores... FANTASIA.
Y de nuevo año tras año en calle Porvera, viendo año tras año la ilusión pasar por mí, de este día que a todos nos llena. De repente, pasa y es que vas perdiendo la ilusión poco a poco, creces y te enteras, lo sabes, pero tienes a gente increíble que te hace seguir soñando cada 5 y 6 de enero, gente pequeña con la que te tiras al suelo a coger caramelos, con la que por la mañana sueltas ese grito que significa al igual que el empiece de una carrera, el comienzo de una ALEGRIA, "corre hermana, que ya han venido los reyes" y esa pequeña niña... RENACE en ti, renace cuando ves la ilusión de una pequeña a la que adoras y cuando le tiemblan las manos por recibir de manos de MELCHOR, GASPAR O BALTASAR... quien sabe cual de los tres, el REGALO MÁS GRANDE, el que ha deseado durante todo el año, el más especial. Cuando con la mayor inocencia pones el agua para los camellos, y los zapatos de toda tu familia para que te dejen caramelos, siempre, desde el más grande hasta el más pequeño... PAPÁ, MAMÁ, YO, Y LA PEQUEÑA.
Y sucede, como al día siguiente tus zapatos rebosan de caramelos, el agua ha desaparecido del barreño, y ella personita inocente te dice con la cara iluminada: "MAMÁ, los reyes han venido mira, los camellos se han bebido el agua y se han hecho pipi en el patio".... miles de emociones recorren tu cuerpo, y de nuevo recuerdas todos los años en los que has tenido esa ilusión.
Mañana como todos los años de nuevo se escuchará ese grito en casa y saldremos las dos revoleadas por las escaleras y veremos el salón lleno de paquetes, en el sitio que le corresponde a cada uno, siempre, y allí te darás cuenta que la ilusión nunca se acaba..... ¡Gracias a tí, a todos los que han hecho posible que cada 6 de enero vuelva a ser una niña de 8 años!