Era de esas personas que no les gustaba el mar, pero cuando
se sentaba delante de la orilla y la espuma de cualquier ola empapaba sus pies
solía sonreír.
No le gustaba la extravagancia pero siempre iba de una
manera extraña vestida. Para ella eso era sencillez.
No pintaba sus labios de carmín, pero sin embargo, siempre siempre,
los llevaba rojos, pintados con ese tinte natural que dejan las fresas al
comerlas.
No le gustaba peinarse por las mañanas, aunque lucia una
melena inmensamente larga y muy bien cuidada.
Jamás pensaba que fuera feliz, aun así recordaba momentos
como los más felices de su vida.
No le gustaban las despedidas, pero misteriosamente la
verías rondar por las estaciones observando cada una de los adiós que se daban
las personas. Eran personajes de sus relatos.
No creía en los superhéroes, pero continuamente pensaba que
su madre era una superwoman.
Detestaba las película de amor, sin embargo sus historias
habían sido las mas románticas jamás escritas, más aún que la de Shakespeare. Esa
que trataba de un tal Romeo y Julieta.
No le gustaba el mundo en el que vivía, pero día a día se
esforzaba por cambiarlo.
Impresionante!
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